miércoles, 14 de agosto de 2013

Seminario anual 2013. "Las Mujeres, el Amor y el Sexo"

En el marco del Seminario:
"Las Mujeres, el Amor y el Sexo"
Se dictará la clase:
"El Imperio de los SinSexo"

Próximo jueves 15 de agosto a las 20 horas
en AUN-PSI Espacio de Psicoanálisis
de Lomas de Zamora 



INFORMES
2053-2052
aunpsi"aunpsi.com.ar


lunes, 8 de abril de 2013

Entrevista del Periódico Noticias de Lomas de Zamora


La Mujer, el Amor y el Sexo

"La época que vivimos 
no favorece el amor"

El psicoanalista Claudio Barbará inició un Seminario denominado “Las Mujeres, el Amor y el Sexo” en la sede de AUN-PSI (Espacio de Orientación y Tratamiento Psicológico), ubicada en Castelli 531, Lomas de Zamora. Luego del primer encuentro, Barbará dialogó con Noticias de Lomas sobre distintos aspectos de esa temática.

-¿Cuál es el objetivo del Seminario?
-La idea del Seminario es acercar un saber, que no es popular y puede ser complejo, a la comunidad en general. La temática en sí, que es la mujer en relación con el amor y el sexo, surge en función de cuestiones que han venido pasando en nuestra sociedad en los últimos años con respecto a la mujer, la cuestión de género, bueno…, ya sabemos que hay malas noticias cada tanto de maltratos, la trata, etc. La intención es iluminar humildemente digamos, desde la perspectiva del psicoanálisis. Queremos que ayude como herramienta para pensar la cuestión de la mujer, que excede a la mujer misma. Es algo que anda dando vueltas en la sociedad como intriga y como necesidad de saber, porque el Seminario tiene una muy buena repercusión, no solo por los asistentes sino por otras instituciones que nos han llamado.

- ¿Cuáles son los problemas, las consultas más frecuentes que le formulan las mujeres?
- Si hubiera que ponerle un subtitulo que pudiera simplificar gran parte de la consulta de la mujer podríamos llamarlo “la insatisfacción”. A veces muy difusa, a veces muy focalizada. La insatisfacción no es solamente la insatisfacción sexual, arrastra todos los campos de la vida. Así como en los varones más bien la consulta está por el lado de la impotencia, pero la impotencia no es necesariamente la impotencia viril del miembro, sino la impotencia en “no puedo conseguir trabajo”, “no puedo conseguir una pareja”.

- En la época actual, ¿hay una crisis del deseo sexual?
- Es un tema muy complejo, no quisiera arriesgar una frase muy categórica y que se malinterprete. Vamos a decirlo así: la época que vivimos no favorece el amor, y eso es notable en los fenómenos que los sujetos, los individuos de cualquier sexo, viven permanentemente. El amor ha caído en descrédito, y ahí amor lo acerco al concepto de deseo: hay una crisis importante de eso porque todo, la publicidad, los medios, la televisión, incluso el cine, van en una dirección contraria de favorecer el amor.
Ahora, ¿es posible retornar a épocas pasadas? Pues no, nunca se puede volver al pasado. La cuestión es hacia donde nos llevaría esto en un futuro cercano. No lo sabemos. Sí podemos decir que hay una exaltación de lo sexual asociado a lo pornográfico. Hay una perversión del deseo, y ese discurso social que está en todas partes, en Internet, en los medios, es coercitivo, coacciona, quiero decir que empuja al sujeto a buscar en ese discurso más bien obsceno la satisfacción que ahí no va encontrar. La exaltación de la “sexualidad vale todo” va en contra sí del lazo social que es el amor y el deseo.

- ¿Por qué cree que se producen hoy tantas rupturas de parejas? ¿Hay cada vez menos tolerancia?
- Se une con lo que veníamos diciendo antes. No tenemos un modelo del amor en la pareja, eso quedó en el pasado. Cuando se debilita tan fuertemente en una sociedad un modelo del amor, las relaciones carecen de ese modelo, entonces vemos el fenómeno que es que las relaciones de amor duran poco, incluso aquellas que han establecido un lazo certificado civilmente, que han ido al Registro Civil, a la Iglesia, que han formalizado su situación, y sin embargo parece que ese lazo parecer ser muy débil para mantenerlos juntos. A todo esto hay que sumarle por supuesto las exigencias de la vida, las complicaciones que cada sociedad tiene, que hacen que los sujetos deban pelear por la vida. Vemos lo que pasa por ejemplo en Europa, en países como España, donde la gente se suicida porque perdió su casa. Bueno, esos son fenómenos muy extremos, pero podemos inferir cuántas relaciones de pareja se están destruyendo en éstos momentos ante las imposibilidades que la sociedad misma, históricamente, le propone como dificultad para vivir.

- ¿Qué buscan en general mujeres y hombres que se separan? ¿Vivir lo que no vivieron cuando eran más jóvenes?
- Por ahí un modelo que vende el discurso social, que propone un sujeto que no tiene historia, eternamente joven, eternamente viril y potente. O en la mujer, eternamente joven, bella, atractiva, objeto de deseo. Ud. decía vivir lo que no se vivió…, hay algo del fantasma de que se puede recuperar el pasado o las vivencias no vividas, este es un fantasma casi universal. Hay un sector etario, de cierta población con muchos años vividos, con hijos grandes, que se separan en busca de aventuras como una reivindicación de que todavía son jóvenes, y se pueden vivir cosas que se han vivido a los 20 años, pero por las consultas, por la experiencia clínica, eso demuestra que tiene patas cortas. Rápidamente lo que el sujeto viene a decir es: “yo no sé ni por qué me separé ni sé lo que quiero”. Y hay que empezar a revisar entonces cómo llegó hasta esa situación. Lo que pensó en su momento fue una salida media fantasmática digamos, y al poco tiempo se da cuenta de que eso no era ninguna salida, que se ha agudizado su insatisfacción, su soledad, su falta de objetivos, su destino.

- ¿Qué se puede hacer entonces para revalorizar la relación amorosa?
- Vamos a dividirlo en dos cuestiones. Hay algo que es del orden de lo social, que es un discurso que empuja a contrapelo del amor. No es un fenómeno de los últimos años, es un fenómeno de las últimas décadas y se va acentuando como el sujeto lo percibe y lo vive.
Luego está la esfera personal, es decir, qué le ocurre al sujeto con la cuestión del amor. Está claro que el sujete no va a modificar solo el discurso de la época. Puede sí interpelarse él mismo, interrogarse él mismo sobre la cuestión del amor. Y yo como psicoanalista, el mejor consejo que le puedo dar a alguien es que si está en esas circunstancias, lo mejor es analizarse. Porque no hay forma de que un sujeto solo salga del laberinto en el cual se encuentra. Todas las salidas que vea desde su soledad van a terminar en fracaso, porque uno solo ve lo que quiere ver. Es necesario psicoanalizarse, con esto no estoy haciendo una masiva promoción del psicoanálisis, porque no es para cualquiera, habrá quien desee hacerlo y quien desee no hacerlo, y no está mal ninguna de las dos cosas. Pero es una salida factible seriamente.

- A los adolescentes, ¿les importa el amor?
- Yo creo que sí, porque viven mucho más cercanamente el fragor del amor digamos. Y se ve en otros fenómenos que no necesariamente es el amor de pareja, que son las pasiones sociales. Le pongo un ejemplo que es muy disparatado pero que es notable. La cantidad de mujeres, adolescentes, jóvenes, que se han vuelto apasionadamente hinchas de un club, y van a la cancha. Tienen lazos con el club, la camiseta… Eso es muy importante en una sociedad. Porque en otras épocas, en el club crecía, hacia sus amigos, se hacia hombre o mujer, y también conocía a su novia y su futura esposa. Antes era un fenómeno muy raro. La mujer en todo caso acompañaba al hombre, a su pareja a la cancha, y hoy van por sí solas. Eso es un fenómeno amoroso. No creo que ahí este el problema, el problema es más para los adultos que para los adolescentes que, por supuesto, mantienen ciertos ideales, ciertas pasiones. Por supuesto que habrá adolescentes que tienen dificultades porque es una época complicada de la vida.
Pero la juventud actual es muy prometedora. Creo que va contra este discurso tan reinante en la sociedad, que muchos adultos han aceptado como verdadero e irrevocable, como único, y que ha demostrado su fracaso absoluto en todo sentido y que estas actitudes de la adolescencia, de la juventud, justamente reivindican lo contrario.

- ¿Qué recomendación le daría a las mujeres frente a la cuestión del amor y el sexo?
- La recomendación sería que me parece imprescindible para abordar temas como la mujer, el amor y el sexo, deponer los prejuicios, deponer falsas verdades que circulan en el saber común como verdades pero que hay que encomillarlas, ponerlas entre paréntesis, volver a pensarlas. En esto aporta una muy buena dosis el psicoanálisis, el psicoanálisis es un discurso contra prejuicioso, que espera del sujeto la libertad de opinar, de decir, sin censura o lo que es peor, autocensura. A lo largo de este Seminario deconstruir esos saberes que se dan como axiomas sólidos, verdades constituidas, eternas. Desprejuiciarse para empezar a pensar las cosas desde ángulos inesperados, que les van a parecer muy sorprendentes.

La participación en el Seminario es libre y gratuita. La inscripción se realiza llamando al 2053 2052 o por mail a seminario@aunpsi.com.ar

domingo, 31 de marzo de 2013

Seminario 2013
"Las Mujeres, el Amor, y el Sexo"
(fragmento)


Más información en www.aunpsi.com.ar

martes, 4 de diciembre de 2012

Los celos (*)


Hablar de los celos, significa hablar de un afecto inherente a la vida amorosa de las personas. La siempre compleja y singular vida amorosa que une al Sujeto con su partenaire. Freud fue categórico al enunciar que los celos forman parte de la normalidad de la vida anímica de los individuos, con lo cual rompió con la idea muy divulgada de que el hecho de tener celos del ser amado es un hecho patológico. En otras palabras, Freud barre con la idea de lo normal y lo enfermo. Freud demuestra que no existe relación en la cual los amantes se quieren sin la intromisión de este afecto, los celos. Vamos a decirlo todo de una vez: no hay normalidad alguna en cuestiones de amor, lo que significa decir que no hay una forma “normal” de vivir la relación amorosa que cada individuo entabla con su pareja amada. Partiendo de este punto, queda claro que el afecto de los celos aparece de una manera u otra, y que lo contrario, su total ausencia, es más un indicador sintomático, que un signo de salud.
Ahora bien, decir que el afecto del celo es normal, no quiere decir que deba trivializarse su manifestación como si se tratara de un condimento indeseado pero “manejable” por el Sujeto en la medida de lo posible, según dictan las reglas del “buen” amor. Cuando Freud dice “normal”, no quiere decir “normalidad”, sino que apunta a un hecho de estructura; es decir, a algo que está incrustado en la constitución misma de la personalidad y que nadie está exento de vivenciar los celos, de sufrirlos, incluso aquél que “no siente” celos. Y si se trata de la manifestación de un hecho de estructura significa que tiene un significado. Un significado oculto, no sabido por el celoso, y que sin embargo invade su vida, condiciona sus relaciones con los otros, determina sus actos y su conducta, marca su personalidad, e incluso percibe como dolor físico, perturbador y angustiante, llegando a la tortura mental.
El Sujeto marcado por los celos en su relación con el otro, se presenta como un amante ideal salvo en el momento en que los celos han comenzado a erosionar su “confianza” en el ser amado. Cualquier acontecimiento mínimo, cualquier hecho insignificante es vivido por el celoso/a como un “agravio” que está dirigido a él o a ella. Y ese agravio tiene nombre y apellido, se trata siempre de un engaño. El celoso/a se siente víctima de una mentira oculta, y por tanto, si el ser amado lo/la engaña, entonces tiene derecho a investigar y saber la verdad, cueste lo que cueste. El celoso/a se vuelve un ser paranoico, perseguido/a por esa humillación que implica el engaño. Por tanto, de ahí en más, encontrar la prueba del engaño será el centro de todo lo que haga, piense y calcule con respecto al ser amado. Es por este motivo que se entiende la desmesura del odio y la violencia con que el celoso/a increpa al amado/a,  pues se sostiene en una certeza: saberse, aunque no lo haya demostrado, engañado en el amor, es decir, sentirse desalojado como sujeto del lugar reservado para él o ella en el amor del Otro.
Ser desalojado/a del lugar que se tiene en el Otro es vivenciado como una amenaza que atenta contra la existencia misma del Sujeto, de ahí la angustia que acompaña la emergencia de los celos. Al tiempo que, por otra vía, la persecución de la confesión del engaño por parte del ser amado, se presenta contradictoria, ya que acrecentaría el dolor del individuo sometido/a al desgarro de los celos; sin embargo, la tenacidad de la búsqueda del secreto que el celoso/a quiere develar de boca del otro, tiene un cariz terminal. Tiene un componente sádico: hacer del partenaire un sujeto que se satisface en el dolor de su víctima, es decir, el Sujeto mismo. De aquí los insultos, los reproches, y la agresión violenta.
No hay nada placentero en el vivenciar de los celos torturantes que invaden al Sujeto. La carga de violencia y la descarga física sobre el otro es una maniobra que el Sujeto siente como inevitable como único medio de calmar la angustia que desborda su propia integridad como individuo. El insulto y el golpe tienen una doble motivación: por un lado es un dique frente un desborde de la angustia, y por otro lado, la des-culpabilización surgida de la culpabilidad mórbida del ser amado.  Es como si se dijese a sí mismo: “Si el Otro desea mi mal, ¿qué culpa tengo yo? Yo soy la victima”.
Para el celoso/a el amor del otro ha de ser incondicional. Y este rasgo le da esa impronta que sólo encontramos en la vida infantil. Cuando decimos “rasgo infantil” no se quiere decir “infancia”, “etapa evolutiva”, etc. Lo “infantil” que aquí referimos como connotación de la vida amorosa del Sujeto, se refiere a su posición singular fijado a un momento particular de su demanda amorosa, la cual convive con las aspiraciones fundadas en las exigencias sociales, aunque ésta se mantenga inconsciente, determinando las elecciones y las decisiones del Sujeto.
Si algo se vuelve perturbador para el sujeto celoso, es saber de la fragilidad de las relaciones amorosas. Lo sabe porque lo ha experimentado. ¿De qué manera, y cuándo? En su misma constitución como Sujeto. Es su gran punto de interés: escudriñar en la Verdad del Amor, así, dicho con mayúsculas. Y se sabe, hay que decirlo: no hay garantías en el Amor y siempre se está expuesto/a a perder al Otro del amor, pero aún sabiéndolo, para el celoso/a se vuelve un experiencia insoportable.
No obstante hay una paradoja en la vida amorosa del celoso/a, y es la siguiente: se esfuerza denodadamente por evitar los engaños del amor y adelantarse a la posible pérdida del ser amado, denunciando hasta el agotamiento la inexistencia del amor total e incondicional de su partenaire, y en el mismo acto, es él o ella, quienes apuran el aniquilamiento del amor. Podría sospecharse que el fin último que persigue (o mejor, por el que es perseguido) el celoso/a, es la corroboración de que el amor es puro engaño, pura espuma de mar. Si fuese así, el Sujeto sufre desconsolado a la vez que se satisface de haber encontrado la “verdad del amor” que sería no otra que el desgarro irreductible que implica la vivencia amorosa.
Por último, la experiencia del amor para el celoso/a es una experiencia imposible. Dice desear vivir un Amor (así, con mayúsculas) irreprochable; y se ve en forma repetitiva vivenciando la misma escena dolorosa: el engaño, la angustia y el sentimiento de humillación. La escena se repite con el mismo final: los reproches violentos y la aniquilación de lo que dice anhelar. Se cierra así un círculo de pura pérdida, en el que ambas partes de la pareja se unen en una amarga experiencia. ¿Bastará con esto para sorprenderse un día reconociendo que no se sale solo de este círculo infernal? Hay para quienes el encuentro con un psicoanalista funciona como un corte de la línea obligada de aquel círculo infernal.
Hasta nuestro próximo encuentro.

(*) Lic. Claudio Barbará
Psicoanalista - Miembro de AUN-PSI

lunes, 12 de noviembre de 2012

Yo soy así (*)


Es evidente, o mejor, puede resultar evidente para alguien, que cuando las cosas no andan bien en la vida que se lleva, es necesario hacer algo para cambiar ese derrotero que, en la mayor parte de las veces, no cede en el malestar que nos trae, pero sobre todo, nos impide vivir como desearíamos hacerlo.

Resulta también evidente que, cuando en forma reiterada nos encontramos en el mismo callejón sin salida, en la misma indecisión, en la misma situación de insatisfacción, en la misma y familiar encrucijada sin que podamos advertir cómo hemos llegado otra vez al mismo lugar, digo, resulta evidente también, que algo íntimo en nosotros, algo íntimo que nos gobierna sin pedirnos permiso, algo íntimo que incluso no sabemos qué es, es la causa secreta de nuestras “desgracias”.
No son pocos aquellos que advierten que a lo largo de su vida, sea ésta corta o larga en años, hay situaciones, acontecimientos, que se repiten en forma invariable; como ocurre con aquellas mujeres que fracasan en el amor, o aquellos hombres que fatalmente fracasan en lo laboral, por poner dos ejemplos muy simples. Advertir la reiteración es una advertencia: quien presta atención a esos ciclos funestos, no podrá obviar que él o ella, están implicados subjetivamente en la reiteración de esa aparente “mala suerte”. La verdad es que no existe la suerte, o la mala suerte. Somos en tanto sujetos responsables de las consecuencias de nuestros actos.
Nos preguntamos perplejos: ¿Pero si aquello que gobierna mis acciones, mis dichos, mis decisiones, es algo tan íntimo, tan escondido en mí, que incluso yo mismo no sé qué es, cómo podría cambiarlo? ¿Cómo es posible transformar lo que no se ve, lo que no se puede palpar, lo que es secreto, y al mismo tiempo la esencia de lo que soy? ¿Acaso no debería resignarme a lo que me ha tocado en suerte, y aceptar que al fin de cuentas “yo soy así”, y es mi destino ser lo que soy? Sin embargo, hay que decir que estas preguntas formuladas de esta manera, esconden algo importante: ¡sólo se trata de creencias!
Y sin duda, esas creencias cumplen su función en la economía anímica de cada sujeto. Son herencias que hemos adoptado a lo largo de los años, desde muy temprano en la primera infancia, hasta en los tiempos en que ya nos creemos maduros. Y la mayor de esas creencias es suponer que somos lo que somos. Dicho de otra manera: “Yo soy así”. Y si soy así, entonces, la suerte está echada. La creencia de que somos de determinada manera, que es nuestra marca de nacimiento y es inamovible, de la misma manera que la creencia de que aquello que nos acontece en la vida ya estaba escrito, predestinado, que somos débiles o fuertes; cobardes o valientes; inteligentes o nulos; capaces o incapaces, etc., es una de las creencias más apreciadas y también más sufridas y detestadas por los individuos.
A primera vista parece una paradoja, una contradicción, decimos que los individuos se aferran y estiman en mucho lo que creen ser, y también decimos que los individuos detestan y maldicen lo que suponen que son, a la vez. Sin embargo no hay contradicción: amamos y odiamos lo que somos simultáneamente, y en muchas ocasiones con la misma intensidad. ¡Es perturbador, hay que decirlo, y sorprendente, descubrir cuánto más nos amamos/odiamos a nosotros mismos, que a los demás! El neurótico establece un espejismo con la presencia del otro, para no reconocer que su blanco no es ese otro, sino su propio ser, el corazón mismo de su “Yo soy así”.
Los Psicoanalistas estamos acostumbrados a escuchar en boca de nuestros pacientes esas quejas: “no estoy conforme con lo que soy”, “deseo llevar otra vida que la que me ha tocado vivir”; y llegar a la honesta y perturbadora conclusión que siempre evitó confesarse: “no sé quién soy”, “no sé por qué hago tal o cual cosa, cuando en realidad quiero todo lo contrario”. Perturbador sí, pero aliviante, puesto que no es lo mismo sentirlo que decirlo. El decir hace signo. El decir es un acontecimiento que produce una verdad. No cualquier verdad, sino la propia, que es única y singular. Y no en cualquier ocasión o en cualquier lugar; sino en la experiencia psicoanalítica, que es el único espacio que puede albergar lo más heroico y lo más vergonzante que un sujeto puede decir de sí mismo.
¿Y por qué alivia en primer lugar, y además cambia el surco por donde parecía que era el único sendero por el cual se podía caminar? Porque ha caído aquello que se tenía por una certeza, y que sólo era una creencia, es decir, un prejuicio muy íntimo. Se cayó el “Yo soy así”, que ata al individuo con fuertes cadenas a la poderosa inercia de un sufrimiento insensato; aunque no por insensato menos torturante y esclavizante. 
Sobre las certezas, prejuicios y falsas creencias en las que los individuos hipotecan su felicidad posible; aferrándose con tozudez a pesar de los perjuicios que les trae a sus vidas, hay mucho más que decir, pero será en otra ocasión. Saludos, y hasta el próximo encuentro.

(*) Lic. Claudio Barbará
Psicoanalista - Miembro de AUN-PSI